El año pasado regresaba de Barcelona sin mi familia (que ya había partido de regreso una semana antes). No quiero ser injusto porque los amo (y pueden leer esto), pero disfruto mucho de viajar solo. Me tomé mi tiempo para sacar fotos en el aeropuerto, a cada avión que se me cruzó y me dediqué a investigar hasta la forma de los hielos del VIP…

Llegado el momento de embarcar, algo pasaba. Para hacérselos corto, demoraron el avión por un tema técnico. Previendo una cancelación, le expliqué a una de las colaboradoras de Singapore Airlines en tierra que debía llegar a Buenos Aires al día siguiente pues debía tomar un vuelo a Chile junto a mi familia que ya estaba en Buenos Aires. Dado que mi mujer no tenía poder para sacar los 3 niños fuera del país sola, si o si debía llegar a Buenos Aires para tomar un nuevo vuelo a Santiago de Chile (me habían ofrecido ir directo a Chile). Nos reprogramaron la salida 4 veces hasta que finalmente cancelaron el vuelo hasta el sábado (era jueves). Es decir 48 horas, aunque nos enviaban a los hoteles con la posibilidad de reubicarnos en vuelos alternativos. Dijeron que el repuesto debía venir desde Singapur y su recambio no era sencillo (?).

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Estando sentado en unos de los Lounge, se me acerca la señorita a la que le había explicado mi situación y me dijo que iba a ser el único de los pasajeros del vuelo que saldría esa misma tarde. Agregó que por favor no lo comentara con nadie ya que había sido una excepción atento a mi situación particular. Había mucha gente explicando razones más que valederas (había de todo, aunque algunas sonaban exageradas como la de un supuesto cirujano que tenía 10 cirugías programadas al día siguiente).

Le agradecí muchísimo a mi salvadora y tomé su nombre para luego realizar el correspondiente descargo para destacar su labor. Me iba en Iberia.

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Estando en mi escala (Madrid) hacia Buenos Aires me contactó Pablo (twittero conocido) quien me preguntó qué me estaba pasando que leía mi situación en Twitter. Le explico y le digo que por suerte llegaba a tiempo para aterrizar y tomar el vuelo familiar. El a su vez contacta una amiga que trabaja en Iberia y me consigue una pasillo (yo tenía medio). Yo estaba feliz porque necesitaba descansar (estaba en aeropuertos desde las 6AM y eran las 11pm). No me había quejado de mi “medio” porque solo quería viajar y además porque el vuelo estaba lleno.

Al subir al avión, a mi lado estaba un señor que no paraba de quejarse con la TCP. Le explicaba que tenía un problema con la pierna y necesitaba pasillo. Que lo había reservado 6 meses antes y no se lo habían respetado al hacer el checkin 48 hs. antes. No hubo caso. No lo cambiaron. Antes de despegar, le ofrezco mi pasillo. Se niega. Insisto. Me confiesa que además del tema en su rodilla tenía un problema adicional que le requería ir al baño constantemente…. Insistí. No quiso.

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Ahi le dije. Hoy 3 personas hicieron algo por mí con total generosidad. La señorita de Singapore, Pablo y su amiga de Iberia. Sin pedir nada a cambio. Yo le propuse que aceptara mi pasillo, con la condición que El hiciese algo por otra persona. En forma explícita y totalmente desinteresada. Pero le pedí que dejara en claro que esa persona tendría una deuda con un tercero desconocido. Le conté de la película “Cadena de favores”. Se emocionó, aceptó y conversamos cerca de 2 horas hasta dormir. La pasé horrible en el asiento del medio, pero este buen hombre la pasó mejor.

Más allá de la anécdota que titulo “cadena de favores“, quiero darle una vuelta a un tema que me sensibiliza mucho: los adultos mayores y los viajes en avión (que empiezan en el aeropuerto).

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Para muchos en una edad avanzada, viajar es un estrés inusual. Otros encuentran en un viaje un sueño cumplido. Muchos no pueden disimular la alegría y quieren expresarlo. Algunos hablan mucho y “por demás”. Otros no entienden los códigos viajeros y aeronáuticos. Algunos hablan fuerte o hacen preguntas “tontas”. Otros solo necesitan que los ayudemos a subir un bolso, a que les digamos como bajar/subir el volumen de la pantalla o sacar la bandeja que se esconde en el apoyabrazos. Son valientes por viajar solos. Se animaron. Los admiro profundamente. Me ha pasado que algunos preferían no utilizar las pantallas por no preguntar como se usaban o como se cambiaba el idioma.

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Tengamos paciencia. Necesitan nuestra ayuda o simplemente que los escuchemos.  Para mi son tan vulnerables como los chicos, pero a diferencia de los menores, muchas veces viajan solos sin la contención que si tienen los niños. Entiendo que seas un viajero de negocios y quizás pases mas tiempo en un avión que en tu casa y estas situaciones te superen. Pero creeme, que en forma explícita o en forma anónima, tu ayuda va a generar en ellos una situación de seguridad o compañía que te va a volver multiplicado con creces.

Mi abuelos ya no están. Me atrevo a sugerirte que te regales al menos una vez en la vida un viaje con tu abuelo/a. Mi viaje a Ibiza con mi abuela (aclaro en invierno español… jeje) o mis viajes a Uruguay con mi otra abuela (siendo ella uruguaya), forman parte de mis recuerdos más lindos.

Vas a pensar que les estás haciendo un favor a ellos, pero te lo vas a estar haciendo vos.

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Nota: las fotos fueron extraídas en Internet, no son de mi autoría.