Juano_Flyer_logo_Final-15Hay una canción que identifica a la protagonista de hoy en “Historia de un viaje”…

Honrar la vida

¡No! Permanecer y transcurrir 

no es perdurar, no es existir 

¡Ni honrar la vida! 

(…)

Eso de durar y transcurrir

no nos da derecho a presumir.

Porque no es lo mismo que vivir…

¡Honrar la vida! 

(…)

Elisa Forti es inmigrante, madre de 5 hijos, abuela de 11 nietos, bisabuela por partida doble y maratonista.

Foto: Facebook Elisa Forti

Su nombre lo escuché por primera vez en la largada de mi primer maratón de montaña, 42k de Villa Ventana, Buenos Aires. Mencionaron algo como “la abuelita que corre“.

Hace 3 años, estando en Pucón, Chile, para la largada del Cruce de los Andes, allí estaba. Cruzaríamos los Andes en una carrera de 100 km. y Elisa nada menos que con 78 años. Me confesó que la ocasión que la quiso correr por primera vez,  su entrenador no la dejó… Su familia la esperó en aeroparque con un cartel que la describe “Por ser tan testaruda, cruzaste los Andes“.

En 2015 y 2016 repetiría la hazaña. En ambas ediciones con uno de sus nietos, a los 80 y 81 años respectivamente.

Foto: Facebook Elisa Forti

Si el hecho de estar corriendo a los 81 años pareciera sorprendente, si correr maratones de montaña no fuera suficiente, Elisa me deja sin palabras al decirme: “empecé a correr a los 71 años“.  En un momento de la vida en que para muchos vivir es solo permanecer hasta que la vida se apague, ella decidió vivirla hasta el último aliento.

Foto: Facebook Elisa Forti

Y si pensás que Elisa corre desde su infancia te equivocás. Antes de iniciarse en el running hace 10 años, Elisa nunca había corrido.

¡No! Permanecer y transcurrir
no siempre quiere sugerir
¡Honrar la vida!

Nacida en Italia, a orillas del Lago di Como, recuerda su infancia rodeada de naturaleza. Eran épocas de Mussolini. Los deberes se hacían a la luz de la vela. El colegio no tenía calefacción y concurría en bicicleta. Si durante el trayecto llovía, Elisa debía permanecer mojada las 4 horas de clase.

Con su mejor amiga NISA, crearon la Sociedad Rayo de Sole. Aún cuando sólo tenían 12 y 15 años, se preocupaban por ayudar a niños pobres en las calles. Los llevaban de paseo, les cosían la ropa y hasta los despiojaban. Sufrió la guerra y debía esconderse en su recorrido a la escuela cada vez que los aviones pasaban ametrallando todo.

Vino a la Argentina en los inicios de la adolescencia, cuando los dueños de la empresa en la que trabajaba su padre decidieron mudar sus operaciones a nuestro país.

A diferencia de mucha gente que vino con muy pocas pertenencias escapando de la guerra, la familia de Elisa pudo trasladar todos sus bienes en barco. Se establecieron en Chacarita. Si bien la primera impresión fue buena, extrañaba los ríos, las montañas y los lagos. Apenas llegados, los dos hermanos se anotaron en el club River. Elisa comenzó con Voley, deporte que practicaría por ocho años hasta el nacimiento de su quinta hija en 1970. Luego siguió con tenis. “Cambié la naturaleza por el deporte“.  “Siempre le voy a agradecer a la Argentina que nos haya recibido“.

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Conoció a su marido en su Italia natal. Su amiga Nisa le aclaró al presentárselo: “Cuidate de este chico que es terrible“. En Italia le regaló un anillo cuando ella partió. El emigró a Uruguay. Al tiempo se mudó a la Argentina y se enamoraron. Se casaron y formaron su familia en el país que los recibió.

Siendo secretaria de su hija kinesióloga, escuchó que una colega se iba a Villa La Angostura por una carrera. “Yo quería ir, no porque quisiera correr, sino porque no conocía el lugar“. Le aclararon que podía ir pero no correr. En los días previos a la carrera, Elisa, fiel a su estilo directo y decidido, se sumó a los entrenamientos. No corrió, pero el running la atrapó a sus 71 años.

Al regresar se anotó en una carrera de 10 km. que también tenía la modalidad de 28 km. Se animó finalmente por los 28k y cinco horas mas tarde cruzaba la meta. Me aclaró: “tardé 5 horas pero la pude terminar“, como si el 99% de los que la escuchamos podríamos acaso pensar en correr más de 10 cuadras sin abandonar…

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Foto: Graciela Zanitti

Así transcurrieron muchísimas carreras. Ella cree que cerca de 100, de las que guarda en su casa y me mostró orgullosa, cada medalla que le entregaron al finalizarlas.

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Foto: Facebook de Elisa Forti

Habitualmente corre carreras de calle que tengan un fin benéfico. Por eso no la veremos en las carreras que organizan las grandes marcas deportivas. En la foto que encontrarás debajo, muestra la vez que Elisa fue guía de un corredor no vidente. Ríe recordando el entrenamiento donde tenía que “defenderse” a los codazos de su compañero que involuntariamente se le venía encima. Pensemos que correr es de por sí difícil. Ahora imaginen con 80 años corriendo con una persona no vidente donde hay que indicarle las curvas, eventuales desniveles, precaución por ramas de árboles…. Elisa puede, Elisa se anima, Elisa lo supera…

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Foto: Leandro Chavarria

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Foto: Facebook Elisa Forti

Confieso por mi debilidad hacia los adultos mayores, siempre observo sus manos y sus ojos. Para mí reflejan la historia de sus vidas. Los ojos de Elisa reflejan su alma. En el bar que nos encontramos parecían grises. “mis ojos son del color que decide el día, hay día que son verdes, grises o azules”. Eso sí, son siempre hermosos. Brillan… Pero no siempre brillaron. Un día Elisa tuvo que despedir a su hijo que, faltándole una semana para terminar el servicio militar obligatorio, fue enviado a Malvinas.  Una guerra inútil. Una madre con el alma en vilo. Fué privilegiada de poder abrazarlo al regresar, vivo,  luego de ser capturado por tropas inglesas.

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Foto: Facebook Elisa Forti

Recordando a mis abuelas, le comento lo hermoso que debe ser cruzar los Andes con su nieto. Sus ojos brillan como nunca, pero me aclara que luego de cruzarlos en 2013, preparándose en el 2015 para repetir la carrera, se fractura una costilla al caerse en la calle. Por unanimidad sus hijos le prohiben ir al Cruce de los Andes. Pero Elisa, dueña de su vida y decisiones, decide concurrir. Logrando una tregua familiar, sabiendo que no había nada por hacer, sentencian: “vas, pero solo si te acompaña un nieto“. Elisa sabe que iría de todas maneras pero acepta “la mediación” feliz. Al año siguiente, con nuevo nieto escolta, cruzaría nuevamente la cordillera en una carrera de 100 km. durante 3 días. Así te contaba mi experiencia con un tercio de la edad de Elisa.

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Merecer la vida es erguirse vertical,
más allá del mal, de las caídas…
Es igual que darle a la verdad,
y a nuestra propia libertad
¡La bienvenida!…
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo mismo que vivir…
¡Honrar la vida!

Al regresar en febrero de 2016 del Cruce de los Andes, lejos de descansar, Elisa sorprendería a su familia con un nuevo desafío. En Mayo, casi 3 meses después, fue parte del Raid de los Andes. Una carrera de aventura de 3 días, 60 km. por los paisajes más increíbles de nuestro norte argentino.

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El tercer día transcurre a más de 3.400 metros sobre el nivel de mar, en las Salinas Grandes, salar limítrofe de las provincias argentinas de Salta y Jujuy, donde Elisa luego de recorrer montañas por 50 km. en los días previos, comenta: “no pude hacerlo todo corriendo, hacía mucho calor y la altura se notaba”. Quise abrazarla tan fuerte que me contuve por miedo a que en el bar en que nos encontrábamos pensaran que la estaba lastimando…

Foto: Facebook Elisa Forti

Ya íbamos por el segundo café y casi 3 horas de charla… Me hubiese quedado toda el día exprimiendo su historia. Corre mucho en el interior de nuestro país, donde muchas veces concurre como invitada. No siempre puede darse el lujo de costear los viajes que significan muchas de las carreras fuera de la provincia de Buenos Aires…

Lo que representa Elisa en el resto de los mortales lo cuenta en una anécdota: un día estaba en Salta, luego de una carrera, y se acerca una persona que la abraza, la besa, le agradece. Ella le dice “Gordi, todo bien, pero no se quien sos”. Esa persona le cuenta que hace un año, un sábado, estaba tirado haciendo zapping y la vió pasar corriendo. Se cuestionó “Ella ahí y yo acá”. Decidió comenzar a correr. El día del encuentro finalizó su primer carrera. Para Elisa “ese día ese muchacho corrió su primer carrera pero yo fuí la que hice podio“.

Le pregunté si en la vida deportiva o personal le quedaba algún sueño por cumplir. De su boca escucho algo que no deja de sonar en mi cabeza: me gustaría correr una Maratón en Italia“.

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Me propuse difundir este sueño. Elisa debe cumplirlo. Lo merece. Lo anhela. Creo que su historia puede despertar el deseo de muchas personas que enterraron antes de tiempo sus sueños a la espera de que la vida transcurra sin más. Elisa pudo, todos podemos. Como ella dice… “La vida es probar para no arrepentirse de lo que hubiera podido hacer”.

Espero en una próxima edición de “Historia de un viaje” tenga en su portada la foto de Elisa, en Italia, cruzando la meta.

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