Juano_Flyer_logo_Final-15No podría decir que Martín es un testarudo, pero créanme que la vida lo quiso bajar varias veces del viaje y la carrera que tenía por objetivo. Evidentemente El ya tenía tomada la decisión y lo haría. Es increíble lo que uno puede hacer por cumplir un objetivo. Y creo que viajar para cumplirlo es el plus que se necesita. ¡Ah! y encontrar nuestra CAJA. Este post habla de MUROS y CAJAS además de kilómetros recorridos…

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Los que se animan a correr 42 kilómetros, saben que entre el km. 35 y 40 está el temido “MURO”. Es una barrera o pared psicológica que ataca al corredor al punto de hacerlo abandonar. Si bien nunca lo experimenté, quienes sí lo han hecho destacan la fortaleza mental sobre la física para superar ese momento.

La historia de Martín tiene que ver con eso. Con muros. Martín no hizo deporte toda la vida. Todo lo contrario. Empezó a hacerlo con 30 años. En gimnasia era el peor de la clase. Hoy, con 38, Martín es un corredor entre miles. Pero a la vez es único. Correr corre cualquiera. Solo basta una preparación adecuada y disciplina. Pero hacer lo que logró Martín, hace falta también una determinación muy fuerte.

Fuera de la vida deportiva pasa lo mismo. Hay metas, hay objetivos pero también hay MUROS. Como sucedió con el POST de Elisa, en este quiero contarte la “Historia de un viaje” que puede ayudarte a atravesar tu muro. El muro es psicológico, no es real y solo nosotros podemos vencerlo.

Entre los “habituales” corredores o runners, están los que se le animan a 10k. Otros se atreven a la media maratón (21k). Algunos corren 42k, la mítica distancia de una maratón. Pero hay “locos” que se dedican a las ultramatones (más de 42k). Solo 14 argentinos lograron la hazaña de Martín al momento que se embarcó en esa proeza: correr 246 km. entre Atenas y Esparta en 36 horas. Pero llegar a Grecia representaba la segunda etapa tan o mas difícil que la primera: lograr recaudar lo necesario para viajar.

La primera vez que Martín escuchó de la carrera Spartathlon (en español Espartatlón), le pareció una locura. Es una carrera que no está muy difundida. Es para corredores muy experimentados y quizás sea una de las carreras mas duras del mundo. Solo parten (porque no todos llegan) 380 personas de la línea de largada.

Martín con 32 años hizo su primera maratón en Buenos Aires, tan solo 2 años luego de empezar a correr.  Y comenzó a investigar sobre el mito del mensajero Filípides y la Maratón. Un día se cruzó en internet con la Spartathlon. Esta prueba nació como homenaje a la gesta de Filípides, quien según nos cuenta Heródoto en el 490 A.C. llevó el urgente mensaje de socorro a los guerreros para defender su ciudad del ataque persa, llegando a Esparta al día siguiente de dejar la Acrópolis (en Atenas). Para verificar si era posible que un hombre corra esa distancia en un día y medio, en 1983 tres militares británicos lograron verificar ese camino en ese tiempo de 36 horas. Denominaron a la Carrera Spartathlon en homenaje a las ciudades de Esparta, Atenas y Londres que desde ese momento quedarían unidas por esa proeza.

Uno de los requisitos para correr la Spartathlon, a muchos nos dejaría afuera sin siquiera intentarlo. Martín debía correr una carrera de 100 km. en menos de 10 horas 30 minutos para que le aceptaran la inscripción. En Argentina las carreras de al menos 100 km. son de montaña. Martín habló con un organizador de carreras y le cuenta que necesitaba una carrera que no existía.

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La primera vez que lo intentó no pudo (2012). Terminó vomitando a un costado del camino. Martín estaba frente del primer gran MURO. Pero lejos de renunciar a su sueño lo intentó al año siguiente (2013). Se hizo un evento en el que solo Martín terminó los 100 kms. y pudo validar la distancia. Pero cuando intentó anotarse para la Spartathlon, ya no había cupos y había 600 personas en lista de espera. Nuevamente no pudo anotarse. Los MUROS ya eran dos y quizás suficientes para abandonar el objetivo. Martín no es de rendirse fácilmente.  La tercera sería la vencida y en 2014 Martín quedó inscripto en la carrera.

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Leyendo sobre la carrera, Martín notó que había un denominador común entre quienes abandonaban: viajaban solos. Es por eso que Martín quería llevar a sus padres y a su entrenador. Los papás podían pagarse el viaje, pero Martin no podía. Y ni remotamente tenía el dinero para su entrenador. Tener un equipo de apoyo podía hacer la diferencia…

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La idea era conseguir un espónsor. Preparó una carpeta que presentó en muchas empresas. Pero ninguna empresa lo ayudó. Salvo PUMA, que le dió ropa para la carrera y su equipo de apoyo. Pero Martín necesitaba dinero para pagar 3 pasajes, hoteles y alquiler de una camioneta en la cual iría su equipo de apoyo. A falta de espónsors, no había plan B. Algo aportaron sus amigos y familiares, pero era muy poco en relación a lo necesario. Aerolíneas Argentinas le dió un descuento. Quizás este nuevo MURO era el más complejo. A diferencia de su entrenamiento, este MURO no dependía de Martín. ¿O sí?

Martín trabajaba en una editorial de comics. Y se le prendió la lamparita. Se le ocurrió que podía vender toda su colección de comics y figuras de superhéroes que había reunido en los últimos 20 años. Lo hizo. Facebook y MercadoLibre fueron los vehículos y reunió todo el dinero necesario para viajar, para su equipo de apoyo y los gastos relacionados al objetivo.

Sin desmerecer el terrible esfuerzo que significó la carrera, para mí acá está el hecho más destacable. Martín no esperó solamente un espónsor. No esperó pasivamente que sus amigos y familiares donasen la totalidad del dinero. Martín no cesó en la búsqueda de una solución y la consiguió donde menos lo hubiese imaginado. En las CAJAS guardadas en la casa de sus padres. Allí estaba la colección de comics. La solución la tenía El y solo faltó el momento de que se diese cuenta y la active.

La preparación en sí misma ya es admirable y significa llevar el cuerpo al límite. Pasar 36 horas despierto corriendo es inimaginable. El cuerpo debe prepararse pero también la mente. Un viernes cualquiera, Martín salió corriendo desde Capital Federal hasta el Tigre Hotel. Volvió al hipódromo de San Isidro y dió más de 15 vueltas. Corrió toda la noche. Desde las 4.30 am se sumaron dos amigos. A las nueve de la mañana llegaron sus compañeros de running y se turnaron para acompañarlo. Estuvo 15 horas y este entrenamiento”solo” representó la mitad de la carrera que haría en Grecia. Se sintió horrible. La pasó muy mal. Cuando salió el sol revivió. Resucitó. Le ayudó para conocer su cuerpo y mente frente a semejante esfuerzo.

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En Grecia partió de la Acrópolis en Atenas. Martín superó los 75 puntos de control de la carrera. Haber llegado un minuto por encima del tiempo fijado en los puntos de control hubiese significado subirse al “autobus de la muerte”. Un horrible micro que va recogiendo los que abandonan. El escenario es dantesco. Corredores “moribundos”. Desmayados. Con un fracaso a cuestas. Llorando. Abandona el 40/45% de las personas que inician la carrera.

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Martín tuvo visiones. Soñó despierto. Convivió con un desgarro desde el km. 80 pero superó los 166 km. que faltaban para cruzar la meta. Martín sabía que tenía que terminar. La noche fué muy dura. Fantasmas lo rodearon y lo quisieron convencer que abandonar podría ser una mejor opción. Martín nunca siquiera lo pensó. Ya no tendría una nueva caja con colección de comics para vender. Rezó mucho en la noche. Se cacheteaba para no dormirse. Si caminaba, se dormía. Correr lo mantenía despierto. En su peor momento, por un caminio de ripio, temía por los autos que venían de frente. Pero si se alejaba del camino podía caerse a un precipicio. Estaba solo. Al menos en ese momento. Porque estaban sus papás, su entrenador y sus amigos. Como en la vida. Donde tu pareja, familia y amigos son el sostén para lograr cualquier objetivo. Por suerte Martín dejó escrito en su blog los detalles de la carrera. Son realmente increíbles. Tomate unos minutos y disfrutalo.

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Algunos parrafos que quiero compartir:

“Estaba tan dolorido que empecé a aplicar cambios de ritmo: corría doscientos pasos, caminaba cien. Con eso mantenía una constancia y hacía más rápido que solo caminar. Pero resultó no ser suficiente. Llegué a un puesto con unos diez minutos de margen. Tomé, llené mi caramañola, comí algo y salí con solo tres minutos a mi favor. Germán (*) fue duro conmigo: “Mirá que tienen uno o dos minutos de tolerancia. Si te pasás, te sacan”. Tenía como 190 km encima. Había llegado la hora de volver a correr.”

(*) Germán es su entrenador. Y también mi entrenador. 🙂

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“Ya arrimándonos a Esparta se veía cada vez más gente, que aplaudía y alentaba. El sol calentaba desde arriba, prometiendo que todo iba a estar bien. Llegué al anteúltimo puesto, el que precedía a la meta. Quedaban 2,4 km hasta la meta y mucho margen para hacerlo. Mis padres nos tomaron una foto al equipo junto al cartel que indicaba las distancias. Me saqué el abrigo y el gorro, porque ya pensaba en la meta y quería que la cámara capturara sin problemas que era yo el que estaba completando esta gigantesca ultramaratón. Me dieron la bandera de Argentina y me la puse de capa.”

Llegué a las 35:43:44 horas. Era un tumulto de gente, estábamos llegando todos juntos, así que tuve que hacer fila, pero finalmente tuve mi momento besando los pies de la estatua de Leónidas. Estaba fría y tenía gusto a monedas. Me pusieron una corona de laureles, me dieron un medallón dorado y muy pesado y una remera amarilla de finisher. Una de las vírgenes que esperan en la llegada me dio el dichoso cuenco con agua del río Éufrates. Sabía fresca y deliciosa. Me abracé con mi mamá y después con mi papá, y compartimos el llanto juntos. A ambos les dije que lo habíamos logrado. Ese triunfo les pertenecía. También me fundí en un abrazo con Ger, Nico y Lean. Ellos me habían ayudado a llegar hasta ahí.”

Asumiendo que quizás a gran parte de los que lean este post no sean fanáticos del running, circunscribir lo que hizo Martín a una carrera sería muy injusto.

Para quienes lo conocemos, no nos sorprende que lo haya logrado. Pero quienes conocemos un poco más de su historia, lo valoramos aún más. Martín no era corredor antes de los 30 años. Tuvo al menos 4 grandes muros que lo quisieron detener. Muchos le dijeron que estaba loco o si tenía sentido lo que iba a hacer. Ninguna empresa le donó dinero. Pero tuvo la claridad mental para entender que la solución estaba más cerca de lo que pensaba.

¿Guardaremos en alguna caja la solución a ese objetivo incumplido? ¿Será que ni la edad, ni el gobierno de turno, ni la inflación, ni los kilos de más o no llegar a fin de mes, ya no son excusas para lograrlo?

Hoy Martín corre acompañando a debutantes en diferentes distancias. Conmigo lo hizo en una carrera de aventura de 25 km. hace un año. Lo hizo hace un año y medio, el primer día que empecé a correr en el grupo de running, cuando me dió charla durante 5 km. para que ser “el nuevo” no sea tan difícil. Martín siempre dice que lo podés hacer. Jamás duda de tu capacidad aunque recién te haya conocido.

Martín entrenó. En eso no había dudas. Pero tampoco esperó a que “solo” llegue el espónsor. Encontró su CAJA. Ahi estuvo parte de la solución. No busquemos la solución solamente afuera. En el trabajo. En el cambio de los demás. En la mejora de la economía. No pensemos que hace falta mucho dinero para viajar. Busquemos en casa. Ahí puede que esté la solución. A veces no solo el objetivo es importante. También es tan o más importante que tan atentos estemos a buscar “nuestra caja” para lograrlo.

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