La muerte, la propia o la de nuestros seres queridos, es uno de los temas que preferimos no abordar.

No hablamos del tema

Al nacer solo tenemos un certeza. Todo lo demás es impredecible, cuestionable o inimaginable. Pero hay una sola cosa que sabemos. Una sola. Vamos a morir.

Es tan obvio. Es tan natural. Pero lo vivimos en forma absolutamente tabú. No hablamos de ello. Tratamos evitar el tema frente a los más chicos. También frente a los mayores. Es como si negar el tema nos ayudaría a prevenirlo.

Respeto muchísimo el dolor ajeno y no quiero subestimar lo que produce la muerte de un ser querido. Hay gente que nunca se recupera o le lleva años de terapia. No escribo sobre la falta de dolor. No pienso que haya que subestimarlo. Pero si creo que tenemos que animarnos a conversar del tema.

Sería bueno que le preguntemos a quienes nos rondean sobre cómo le gustaría que fuese ese momento posterior a su muerte. Cómo le gustaría que lo recordemos. Si prefiere ser cremado o no. Si desea una celebración o no. Si tiene algún deseo post mortem. Será incomodo. Será por momentos molesto. Pero a la vez estarán hablando de algo tan importante como su propio nacimiento. Algo natural. Algo esencial. Me parece que frente a una muerte repentina o una enfermedad terminal, no tendremos la oportunidad de conversarlo. En el primer caso ya no podremos, en el segundo quizás no nos animemos.

Vivir como si fuésemos a morir mañana

Vivimos como si fuésemos a morir en el promedio de edad estadístico de nuestra expectativa de vida. En Argentina es de 76,5 años. Trabajamos muy duro para asegurarnos una vejez que quizás nunca llegue. Posponemos sueños para más adelante. Pensamos «disfrutar de la vida» cuando nos jubilemos. Guardamos vinos que quizás nunca tomemos. Guardamos dinero para una edad que no alcanzaremos. Dejamos viajes y fiestas para más adelante.

Ya lo dice el dicho «los gustos, hay que dárselos en vida».

Por eso creo que pensar en la muerte puede resultar una fuerza extraordinaria de cambio. Pensar que vamos a morir puede lograr ese deseo profundo de cambiar lo que tanto cuesta. Pensar en la muerte puede transformar las cosas que hoy nos agobian en insignificantes.

Pensar en la finitud de la vida puede ayudarnos a dejar de posponer nuestros deseos, a trabajar de lo que realmente nos gusta, a terminar relaciones tóxicas o animarnos a mostrarnos como realmente somos. La muerte, que puede cruzarse mañana mismo, debe encontrarnos haciendo lo que nos hace realmente felices.

El paso, no siempre debe ser doloroso

Creo que si vivimos la vida intensamente, si elegimos nuestros trabajos por lo que representa y no por lo que ganamos, por la felicidad que nos produce y no por el bono de cada año. Si además soy conciente y lo hablé con mis seres queridos. Si el tema estuvo presente, sin convertirse en una obsesión. Si fuí consciente del tema. Si dí todo y viví todo. ¿Podré vivir este paso sin tanto dolor? Yo creo que sí… Yo creo que podemos estar listos. No por eso ausentes de dolor.

Si mañana supieses que vas a morir en 3 años. Si tuvieras la fecha de «ese día»… ¿Los vivirás en forma diferente? ¿y qué harías que no estás haciendo ahora?

Una mañana en París, yendo de excursión con mi esposa, me encontré con la siguiente frase escrita en la pared del subte: «El día que estés listo para morir, vivirás por siempre».

La muerte ronda mi cabeza pero en forma positiva y esta frase ayudó a cerrar lo que estaba dando vueltas hace tiempo. No tuve la oportunidad de preguntarle a quien la escribió, pero la interpreto de la siguiente manera: a punto de cumplir 43 años yo ya estoy listo para morir. Tengo 3 hijos hermosos y una esposa grandiosa. Pude estudiar y trabajo hace 20 años en lo que me gusta. Disfruté y disfruto de mis padres. Veo a mis 2 hermanas disfrutar de sus familias. La vida ya me dió «todo». Sé que cuesta verlo de esta manera. Y creanme que me encantaría ver crecer a mis hijos, verlos terminar el colegio y si desean casarse estar ahí. Ojalá ver crecer a mis nietos. Pero el saldo en mi vida ya es acreedor. Y cada día que se sume a mi vida será un regalo. Estar listo para morir parece una locura, pero ahí leo lo positivo de la segunda parte de la frase: vivirás por siempre. Porque cada nuevo día que me quede, lo viviré con enorme gratitud. Ese «siempre» nadie lo sabe, pero más vale haber hecho todo lo que hubiese querido mientras pude.

Vivamos como si realmente nos quedase poco tiempo. Si pasamos cada decisión por este tamiz, les aseguro que no compraríamos tantas cosas, viajaríamos más y nos preocuparíamos por mejorar las relaciones con quienes nos rodean. No cambiemos solo frente a situaciones extremas. Yo tuve suerte de estar en una situación límite luego de procesar estas ideas por años. La vida me lo mostró muy nítidamente y estoy vivo. Soy un privilegiado.

Animate. Hablá sobre la muerte. Viví como si fuera a suceder pronto. Seguramente, cuando llegue el momento, ese paso será menos doloroso. Porque lo habrás procesado, lo habrás charlado pero por sobre todo, habrás vivido tan intensamente que la lista la de pendientes estará vacía. Será más fácil. Quizás sea pleno.