Hoy se cumplen 3 5años de la muerte de mi papá. Empecé a escribir con la idea de que mis hijos y nietos leyeran en algún momento de sus vidas, si les interesaba, lo que me iba pasando en mis viajes, les quedasen registradas mis recomendaciones turísticas y también para compartirles los eventuales sentimientos que transito.

Muchas veces escribo algunas reflexiones con el único fin de que sean un disparador para quien pudiera estar leyendo. Obviamente, a esta altura no solo mis hijos.
Hoy quiero hablarles exclusivamente a ellos, a mis hijos, pero no tengo ningún problema en que me lea un desconocido. Pensé si exponer este tema. Pero hace rato que en general trato de vivir la vida con menores prejuicios y dejar salir mi parte (muy poco desarrollada) emocional en forma más espontánea.
En estos 3 5 años en que faltó papá no lo extrañé. Su muerte no la sufrí. Lo hablé muchas veces con mi esposa y mi mejor amigo. Es extraño. Pero es así. No la voy pilotear o tratar de vender de otra manera. Mi papá fue la persona junto a mi esposa, mamá e hijos, que por supuesto más amo y amé. Pero su muerte fue reveladora. Fue por momentos, y que no se malinterprete, hermosa. No quería que se muriese, obvio, pero cuando supe que íbamos hacia un final inexorable, sin retorno, pensé que la muerte no se podía racionalizar y debía sacar a la luz mis sentimientos. Eso creí a priori. Pero no fue así. No fue un momento desgarrador sino de plenitud. Por momentos extraña, la quería reprimir. Pero no fue como planee.
Mi papá estuvo casado con mamá 40 años. Se amaron como nunca vi en otra pareja. Papá era docente. Murió siendo director disciplina de un colegio. Me dió todo, estuvo siempre. Un detalle de su presencia constante. Gracias a su carrera por la cual sentía pasión, nunca me olvido que en casa teníamos 3 grandes momentos familiares. El desayuno, donde estábamos todos un poco dormidos, la cena (habitual lugar de encuentro familiar) y la merienda. Este para mi es el recuerdo más lindo. Mi papá y mi mamá SIEMPRE estaban en la merienda. Y siento que hoy, que soy papá, eso era un privilegio. Otro momento grandioso: sus asados. Tampoco recuerdo a nadie que lo preparase con tanta dedicación, generosidad y amor.
Pero no quiero hablarles solamente de papá. Sino del proceso que vivo desde su muerte. Papá tuvo cáncer hace casi 20 años. Del cual se curó (o eso pensamos). Y hace 4 años la enfermedad apareció de nuevo. Esos 11 meses fueron de relativa normalidad hasta que luego de viajar a España para casar a su sobrino, las cosas empezaron a empeorar hasta ser internado. Digo casar, porque papá era Diácono y podía casar, ya que se había ordenado como tal 2 años antes.
Estando en la clínica, era tal el número de personas que venían a visitarlo, que decidí hacer un grupo de Facebook para subir sus partes médicos, novedades, evoluciones y retrocesos. Así descansaba y evitábamos tantas visitas en la clínica.
Y ahí empezó la magia. Todos pensamos que nuestro papá es un héroe. Pero en esos 40 días que transcurrieron hasta su muerte, pasó algo maravilloso. Se armaron cadenas de oración interminables. Yo contaba la novedad del día y empezaba a rezar “Dios te Salva María…” y alguien tomaba la posta con la línea siguiente “llena eres de gracia…” y así por horas la gente por Facebook, si por Facebook, iba rezando. Como había conocidos, familiares y amigos en varias partes del mundo, esta cadena de oración virtual ha llegado a durar horas. Tuve contacto con gente completamente desconocida. Me escribían cosas maravillosas. Chicas de 18 años que me contaron como papá las había ayudado en el colegio con realidades muy fuertes, como anorexia, bulimia, bullying y abuso. Chicos con problemas en sus casas que papá había asistido. Y así podría contarles mil historias. Alumnos que papá casó, hijos de alumnos que bautizó. Pero no es el objetivo de este post hablarles de El, sino de su muerte, lo que viví con ella y su aceptación del proceso.
Recuerdo apenas ordenado de Diácono, se pegaba maratones con el auto viajando a casar ex alumnos. Yo le decía: “que te tiren unos pesos para la nafta y el peaje” . El sonreía y partía a casar a su alumno a Capital Federal. Vivía en Escobar…. O tenía 3 bautismos que celebraba con una alegría inmensa a menos que coincidiera con un partido de River. Y a veces conocía al bautizado 10 minutos antes. Pero lo hacía sin pedir nada a cambio. Solo por amor a lo vocación que había abrazado.
Pero como dije antes, seguramente todos nuestros padres de alguna u otra manera son héroes. Y el mío no es más que el tuyo. Y ojalá yo me parezca en algo a El.
Pero si quiero destacar ese caudal inmenso de gente que hasta ese momento no conocía, que te contaba una anécdota, una situación donde fue asistida por papá, que lo casó, lo ayudó con sus padres, lo hizo zafar de que repitiera ayudándolo a estudiar, o que lo echaran dándole otra oportunidad, etc. etc. etc. He recibido el comentario, no sé, de 150 personas que me decían que mi papá era lo que yo sabía que era conmigo pero de repente lo tuve todo junto en un avalancha de demostración de afecto y cariño. Es como si yo hubiese conocido otra vida de papá hasta ese momento desconocida para mí. Ver decenas de chicos llorando la muerte de tu papá es muy fuerte. Había chico/as que me decían que era un padre para ellos. Que luego de sus padres era la persona que más querían. Que fuerte, yo de casualidad me acuerdo los nombre de mis profesores…
El período de internación no fue fácil, pero todo esto que pasaba se hacía muy llevadero.
Para los que somos católicos, el 8 de diciembre es un día muy importante. Celebramos el día de la Virgen María, la que nosotros reconocemos como Madre de Jesús. Papá era diácono en un movimiento mariano y ese día Ella lo vino a buscar. Hasta eso fue increíble.
Un sacerdote amigo de la familia, estuvo con El unos días antes que perdiera la conciencia, en la recta final. A solas le preguntó si estaba enojado con Dios. El dijo que de ninguna manera. Que Dios le había regalado ya 15 años después del primer cáncer y si era su voluntad, él estaba preparado y no se oponía a ello. Nosotros en familia rezábamos por el milagro. Y el milagro ocurrió. Nosotros queríamos el milagro de la SANACION, pero se produjo el milagro de la ACEPTACION.
Papá vivió 64 años extraordinarios. Descubrió muy joven su vocación. Llegó a un puesto que para un docente podía ser lo máximo a lo que podía aspirar. Estuvo casado con mamá más de 40 años. Tuvo 3 hijos y a cada uno le dió todo. Los vió recibirse, casarse y fue abuelo por 9. Falleció aceptando que eso era lo que Dios le pedía y rodeado no solo de su familia sino del reconocimiento de su familia, sus alumnos, ex alumnos, padres, amigos, colegas, de la comunidad donde ejercía su diaconado, entre muchos otros grupos donde estaba presente.
Al día siguiente de su partida, hicimos una misa en el colegio y era tal la cantidad de gente, que no entraron en el gimnasio cubierto donde se hizo la celebración. Aún hoy recuerdo, unas semanas antes de morir que me abrazó antes de que yo lo despidiera porque me iba de la clínica y me dijo “cuidá a mamá”. El sabía que iba a morir y así recibió la muerte. Como un camino que llega a un fin, pero con la esperanza de que hay otro camino después.
Entonces por qué digo que no lo extraño. Porque no hay nada que no haya vivido. Porque vivo pensando que todos podemos morir mañana. Porque no sufro por los 10 años que le faltaron vivir (si fuera un promedio al que deberíamos llegar) sino que celebro los 64 años que vivió. Me duele que mamá se haya quedado sin su compañero de vida, su piloto en esa vida que iniciaron juntos.
Te podrás preguntar que tiene que ver una cosa con la otra. No lo sé. La muerte es algo de lo que no vamos a poder escapar. Creo que es un error pensar que va a llegar cuando seamos mayores. Y si lo viviésemos con un poco menos de trauma, si celebráramos los años cada aniversario, no tanto por la foto con la torta o el regalo, sino como una verdadera oportunidad de celebrar la vida, podríamos llegar al final, como el de papá, con un sentimiento de gratitud más que de dolor. Es raro. Era mi papá. Puede sonar feo no extrañarlo o no haber sufrido su muerte. Quisiera verlo, abrazarlo o charlar con él nuevamente. Pero lo abracé, lo ví y hablé con él tanto como pude y quise. No sufro por lo que no hice. Además creo que nos vamos a volver a encontrar y ahí el tiempo no pasará, será para siempre.
A mis 3 hijos, me gustaría que lean esto el día que yo haya partido. No imagino que yo no sea el primero en partir. Ojalá lo puedan transitar algo mejor si lo miran con otros ojos. Pero no se puede racionalizar, esto es un sentimiento y uno lo vive como puede. Solo que si viviéramos cada día como si fuéramos a morir mañana, todo sería tan intenso que si nos toca, ya abuelos como papá, estaríamos listos para partir como cuando él se lo contó al sacerdote días antes de su muerte.
La teoría no tiene asidero si se trata de una muerte prematura. De un niño o persona joven. No estoy pidiendo que no se sufra o que seamos robots sin sentimientos.
Pero estoy seguro que si el foco de nuestra vida deja de ser lo material, nos dedicamos a disfrutar más, a viajar más y celebrar el día a día, nos va a costar menos aferrarnos a todo lo que vamos a dejar, cuando nos toque partir. La resistencia de la propia persona que muere o de la familia, no hace más que hacer aún más doloroso todo ese proceso.
Esto no es una clase de nada, de cómo hay que vivirlo ni como debe sobrellevarse. Puede que un ser querido te falte y te duela mucho. Gracias por haber llegado hasta esta parte de la lectura. No creo que ese dolor se alivie después de haber leído esto. Ojalá sea un 1% menos duro si meditas y pudo haber tenido algún sentido.
Hoy le escribo a mis hijos y en homenaje a mi papá. Para que mis hijos puedan leerlo cuando yo no esté y en homenaje a mi papá que con su muerte me mostró que aún ese momento tan duro se puede aceptar con la certeza que tiene un sentido.

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